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Resumo
O artigo propõe reconhecer a singularidade e a importância do movimento pós-lacaniano, composto em sua maioria pelos primeiros e mais importantes discípulos de Lacan. Uma constelação dos principais autores franceses dos últimos 40 anos (como J. Laplanche, J.-B. Pontalis, A. Green, P. Aulagnier, D. Anzieu, G. Rosolato, J. McDougall, e J. Kristeva entre muitos outros) fundada em uma sorte de pacto fraterno geracional. O autor assinala no início do movimento a revolta antidogmática contra o lacanismo, assim como a radicalização do retorno a Freud, além da leitura de Lacan. A crítica da deriva teoricista do lacanismo promove um “retorno a la clínica”, dá lugar a uma extensão do campo analítico e resulta na criação de uma nova matriz teórico clínica contemporânea.


Palavras-chave
Lacan; pós-lacanismo; heterogeneidade; clínica contemporânea; paradigma contemporâneo.


Autor(es)
Fernando Urribarri

é psicanalista, membro da Associação Psicanalítica (APA), na qual dirige o Seminário de Pesquisa André Green. Em 2005, codirigiu o Colleque International de Cérisy à obra de Green, cujas atas foram publicadas pela PUF. É fundador da revista Zona Erógena (Buenos Aires), e autor de Entretiens avex André Green. La psychanalyse chemin faisant (Ithaque).




Notas
1. J. Laplanche, Prefacio a S. Bleichmar, Aux origines du sujet psychique.

2. Como lo ha indicado Renato Mezan: si dejamos de lado la incomparable Viena de Freud, sólo se aproximan a la ebullición psicoanalítica del París de las décadas de los 60 a los 90, el Berlin de los años 20 y 30, la Londres de los años 40 a 60 y el Buenos Aires de los años 50 a 70.

3. Ciertamente una historia del poslacanismo deberá centrarse en parte en la Nouvelle Revue de Psychanalyse - la mejor revista de la historia del psicoanálisis francés según Roudinesco. Esta fue el "laboratorio central" (por usar la expresión de Pontalis) de la creación colectiva de los nuevos objetos de reflexión, tanto como del nuevo vocabulario para nombrarlos y pensarlos. La mayoría de los temas y cuestiones específicamente contemporáneos, que hoy nos resultan conocidos, provienen directamente o indirectamente de la orquesta sabiamente dirigida por Pontalis: lo íntimo y lo extraño, las figuras del vacío, el problema de pensar, el lugar del cuerpo, el narcisismo (de vida y de muerte), y los límites de la analizabilidad fueron algunos de sus consagrados números temáticos.


Referências bibliográficas

Laplanche, J. (1989). Prefacio a Bleichmar, S. Aux origines du sujet psychique. Paris: puf.

 





Abstract
he paper propose to acknowledge the singularity and historical relevance of the post-lacanian movement – composed by most of the Lacan first and most important disciples. A constellation of the principal authors of the last 40 years of French psychoanalysis – like J. Laplanche, J.-B.Pontalis, A. Green, P. Aulagnier, D. Anzieu, G. Rosolato, J. McDougall, and J. Kristeva – based on a fraternal pact. The movement started as an anti-dogmatic revolt against lacanism, and a radicalization of the “return to Freud” beyond Lacan’s interpretation. The critic of the lacanian theoricism promoted a “return to the practice”, an extension of the analytic clinical field, and the emergence of a new theoretical-clinical contemporary model.


Keywords
Lacan; post lacanianism; heterogeneity; contemporary clinic; contemporary paradigm

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 TEXTO

Después de Lacan: el retorno a la clínica

After Lacan: back to clinical issues
Fernando Urribarri

Para historizar nuestro devenir
Como escribió Jean Laplanche: "Venir después de otros no es ni una fuente de riquezas ni una maldición, pero puede ser un privilegio si uno sabe situarse en la posición precisa, significativa, que lo habilite para hacer trabajar las propuestas precedentes, e incluso ponerlas a trabajar nuevamente" . En este sentido este articulo quisiera contribuir a la historización de un movimiento fundamental del psicoanálisis francés, decisivo en el devenir del campo freudiano, por su rol anti-dogmático e innovador: el poslacanismo. Mi propósito es destacar la importancia del espacio colectivo de pensamiento, la red generacional de trabajo, que estos autores crearon y en las que apoyaron sus obras individuales. El brillo de estos autores reconocidos como "clásicos contemporáneos" - como Laplanche, Pontalis, Green y Aulagnier - tiende a eclipsar la importancia de su pertenencia a una amplia constelación.

Desde mi punto de vista la dimensión colectiva de pensamiento es doblemente importante. Por un lado por ser el espacio generacional de trabajo sobre el que se apuntala la elaboración original de cada pensador (es decir que su lectura requiere un reconocimiento de esta pertenencia, con sus colaboraciones concretas, sus rivalidades productivas y sus diálogos fecundos). Por otro lado porque el legado común de esta constelación de autores para las nuevas generaciones es el resultado de la elaboración colectiva: una nueva matriz teórico-práctica que re-funda y orienta la investigación psicoanalítica contemporánea.

Para dar cuenta de este vasto movimiento, aunque sea parcialmente, he decidido priorizar el papel del "retorno a la clínica" - como un modo de seguir el hilo de la ruptura con Lacan, la pionera extensión y exploración de los límites de la analizabilidad, y la invención del pensamiento clínico contemporáneo.
Una radicalización de la revuelta freudiana

Como lo señala Elisabeth Roudinesco lo mejor de la tercera generación del psicoanálisis francés la compusieron aquellos analistas que habiendo seguido al autor del Discurso de Roma desde los años 50 - cuando era un maestro renovador - fueron rompiendo en los años 60 - en la medida en que fue deviniendo el líder de un movimiento dogmático, el jefe de una Escuela y un discurso identificados con su nombre. Fueron Jean Laplanche, J.-B. Pontalis, D. Anzieu, D. Widlocher, sus primeros y principales discípulos, quienes rompen con Lacan en 1963 y fundan la Asociación Psicoanalítica Francesa - a la que pronto se incorporarán Guy Rosolato y Pierre Fédida - eligiendo la legitimidad freudiana de la IPA. Son Piera Aulagnier, Francois Perrier, Jean Pierre Valabrega, Natalie Zaltsman y Micheline Enriquez (acompañados por Cornelius Castoriadis), quienes se alejan en 1969 de la Escuela Freudiana de París - rechazando el "pase" como síntoma de una deriva personalista, dogmática y teoricista - para fundar el Cuarto Grupo. Son Andre Green, Conrad Stein, Rene Major, Joyce McDougall, analistas independientes de la tradicional Sociedad Psicoanalítica de París (en la que en los años 80 ingresará Julia Kristeva) que asisten al Seminario en nombre de la libertad del pensamiento, y que por ello mismo se irán alejando.
Esta breve enumeración de nombres alcanza para apreciar el extraordinario efecto del discurso de Lacan: tanto cuantitativa como cualitativamente el movimiento post-lacaniano es uno de los más fecundos en la historia del psicoanálisis . Pero no se trata de una nueva Escuela ni de un grupo militante ni de un discurso unificado, con su "langue du bois" (neo dialecto). Basados en un pacto fraterno contra el dogmatismo lacaniano y el personalísimo de Lacan, los jovenes analistas poslacanianos (tienen alrededor de 40 años) instituyen un nuevo espacio de pensamiento generacional independiente. Emerge así un movimiento institucionalmente transversal, animado por una innovadora corriente intelectual que construye una inédita matriz freudiana pluralista. El despliegue de este proyecto instituyente, que surge como revuelta contra los grandes dogmatismos post-freudianos (lacanismo, kleinismo, ego psychologie), va a hacer de nuestros autores los pioneros de un nuevo paradigma contemporáneo: freudiano, pluralista, extendido, complejo, cosmopolita.

Esquemáticamente en la evolución del poslacanismo pueden distinguirse tres etapas: con Lacan, contra Lacan, más allá de Lacan. La posición de partida puede sintetizarse así: "Ni sin Lacan ni solo Lacan". Dicho de otro modo: ni lacanismo (es decir reduccionismo dogmático y sectario organizado sobre la base de la transferencia idealizada al nombre de Lacan) ni anti-lacanismo (es decir rechazo reaccionario, conservador y extemporáneo) sino post-lacanismo. O sea: una perspectiva que, por un lado, valora profundamente algunas ideas de Lacan y las pone a trabajar; y que por otro lado desconstruye y se desmarca de sus aspectos intelectualmente dogmáticos, teóricamente reduccionista, clínicamente iatrogénicos e institucionalmente autoritarios.

La praxis intelectual compartida - en la que se inscriben los principales escritos de nuestros autores - se encarnó durante décadas en actividades y encuentros grupales: seminarios, coloquios, grupos de estudio (o traducción), colecciones de libros, libros colectivos y muy especialmente en una media docena de revistas fundamentales. Pues si algo singulariza y vertebra este movimiento es el trabajo colectivo de las revistas como Topique (P. Aulagnier), Psychanalyse à l'Université (Laplanche, junto a Fédida), Études Freudiennes (C. Stein), Confrontation (R. Major, apoyado por J. Derrida y S. Leclaire) y muy especialmente la Nouvelle Revue de Psychanalyse ("nave insignia" de la flota, dirigida por J.-B. Pontalis junto a Anzieu, Rosolato, Green y Masud Khan, además de J. Starobinsky y J. Paulhan) . Los mejores libros publicados en este periodo fueron primero, en su mayor parte, artículos de estas publicaciones (y muchas veces también exposiciones en eventos compartidos): Playdoyer pour une certain anormalité y Théâtres du Je de Joyce, Entre le rêve et la douleur y Perdre de vue de Pontalis, Narcissisme de vie, narcissisme de mort y La folie privée de André Green, Le Moipeau de Anzieu, La relation d'inconnu de Rosolato, así como los cinco volúmenes de las Problematicas de Laplanche.

Puesto que hablamos del rol del espacio generacional de pensamiento vale la pena dar algunos ejemplos de los numerosos entre-lazamientos inter-pesonales e inter-textuales entre nuestros autores. El término "potencialidad psicótica" aparece en el libro de Green L'enfant de ça (1973) antes de devenir el concepto central de la teoría de la psicosis de Piera Aulagnier expuesta en La violencia de la interpretación (1975). Por su parte Green deja atrás el uso de la noción lacaniana de significante e inaugura en 1977 (capítulo 3 de Locuras privadas) su re-conceptualización de la representación (y de lo irrepresentable) apoyandose en la definición que da Piera Aulagnier en 1975 de la representación como "función básica del psiquismo". Piera invita a McDougall a presentar y comentar su libro La violencia... en su seminario: la intervención de Joyce se llama Les théâtres du Je. Este no sólo será el título de su siguiente libro, sino que marcará el comienzo de una escritura marcada explicitamente por diversas conceptualizaciones de Piera tanto sobre el Je como sobre el tema del cuerpo y el pictograma. En su segundo libro, Los destinos del placer (1979) Piera estudia los casos límites (territorio trabajado por Joyce en su Alegato por cierta anormalidad) y en la sección sobre "La relación pasional" aclara que "el análisis que propondré de la problemática necesidad-placer en las relaciones pasionales es muy próximo al que ofrece Joyce McDougall [...] Su concepto de "sexualidad adictiva" y sus investigaciones sobre el "psique-soma" parecen confirmar una parte de mis hipotesis". Green le sugiere a Pontalis la publicación de McDougall en la NRP, dando inicio a una relación fundamental: Joyce da a JB el crédito por la realización y publicación de su primer libro, y de casi todos los siguientes. Pontalis cuenta que en los años de la NRP el diálogo y la colaboración (y la amistad) con Green era tan estrecha que este le da el tema de su segunda novela. El segundo libro de Pontalis, Entre el sueño y el dolor está compuesto por escritos de ese período: el autor más citado, después de Freud y de Winnicott, es André Green, cuyas ideas comenta y desarrolla de un modo absolutamente personal (con la libertad y creatividad de una improvisación musical).

Didier Anzieu decía con humor y sinceridad que Green era "su gemelo imaginario" - y aclaraba que eran "gemelos no idénticos". Jean Laplanche, celoso de su autoría/autonomía, hace todo lo posible por no dejar ejercer (ni traslucir) la influencia de cualquier otro autor fuera de Freud y Lacan. Pero cultiva el diálogo y la polémica franca: es receptivo a las críticas que le realiza Rosolato sobre la noción de "significante enigmático" (en tanto polisémico todo significante podría definirse como enigmático) y decide reemplazarla por la de "mensaje enigmático". Por último señalemos que el último libro que Green preparó se titula Pensar el psicoanálisis - con Winnicott, Bion, Lacan, Laplanche, Aulagnier, Rosolato y Anzieu (2013).

Poslacanianos y posestructuralistas

Hay otra importante dimensión de la historia del poslacanismo (y de su legado) que quisiera, por lo menos, mencionar: me refiero a la fecunda relación personal e intelectual - de diálogo y debate - de nuestros autores con los grandes pensadores de su misma generación como Deleuze, Derrida, Lyotard entre otros. Es decir, principalmente, los filósofos que la academia anglosajona suelen denominar "post-estructuralistas". Doy algunos ejemplos significativos.

La lectura atenta de "El anti-edipo" de Deleuze y Guattari enseña que - más allá de su aspecto retórico pirotécnico - se inscribe directa y explicitamente en el debate poslacaniano sobre el legado de Lacan, sus aportes y aporías. "Creemos que la admirable teoría sobre el deseo de Lacan posee dos polos: uno con relación al ‘objeto pequeño a' como máquina deseante, que define el deseo como producción real, superando toda idea de carencia y de fantasma; otro polo con relación al ‘gran Otro' como significante, que privilegia la idea de falta". En este contexto critican a Leclaire por oscilar entre ambos polos (en torno a la realidad del deseo). Valoran a Maud Mannonni (acerca de la locura en psiquiatría y psicoanálisis, p. 34). Discuten extensamente a Laplanche y Pontalis (sobre los origenes de la fantasía y las fantasías originarias, p. 59). Citan a Rosolato (sobre lo simbólico). Citan y elogian a André Green (sobre la madre fálica, y sobre el afecto respectivamente): "De hecho se trata de lo más esencial del fenómeno del deseo, a saber, los flujos cualitativos de la libido. André Green, en unas bellas páginas, ha vuelto a abordar la cuestión presentando el cuadro de tres tipos de sesiones". (Por su parte Green retoma ideas de Deleuze en su libro sobre el afecto y en sus escritos sobre la repetición; a la vez que los cursos de Deleuze, publicados en los últimos años, nos muestran como discutía este con aquel). No es poco interesante la relación entre el papel central que los autores del libro otorgan a la esquizofrenia (especialmente en relación al malestar cultural en el capitalismo tardío o pos-industrial) y el papel en el la investigación poslacaniana de los casos límites (originalmente descriptos por los autores anglosajones en la frontera con la esquizofrenia).

Más sucintamente consignemos que: Foucault fue compañero de estudios de Laplanche, a cuyo libro Holderling y la cuestión del padre dedica un artículo. Ambos se re-encuentran en los 70 para debatir sobre la pena de muerte. Derrida presenta en 1967 en el seminario de André Green su conferencia "La escena de la escritura", que será el capitulo principal de su libro Escritura y diferencia en el que a partir de la lectura de Freud introduce la noción de archi-huella y el concepto de "diferancia", que son basales de su filosofía de la de-construcción. El autor de Ideas directrices para un psicoanalisis contemporáneo (Green, 2012) cita en numerosas oportunidad ideas de Derrida, al que dedica una sección crítica en el libro mencionado.

Lyotard es un autor que colabora varias veces en La NRP a lo largo de sus veinticinco años. Su libro Discurso, figura (que también es elogiado y discutido fraternalmente en "El anti-edipo") es admirado y citado por practicamente todos los autores poslacanianos, quienes le reconocen una profunda y pionera elucidación del tema de la figurabilidad. Además de compartir su proclama de "tomar partido por lo figural" contra el imperialismo del lenguaje en el reduccionista discurso del estructuralismo. Es decir en favor de la reivindicación de "la heterogeneidad radical del proceso inconsciente con relación a todas las formaciones secundarias, sean de discurso o de ‘realidad' ". En este escrito también encontramos un diálogo fecundo con su congéneres, los psicoanalistas poslacanianos - basado en intereses y perspectivas afines. Por ejemplo: con Piera Aulagnier, en torno al masoquismo primario como articulación de la pulsión de muerte en el fantasma. Con Pontalis acerca de la utopía en general y la utopía freudiana en particular (A su vez Pontalis parece inspirarse en conceptos de Lyotard concernientes al espacio del sueño para formular sus ideas sobre "el reino de lo intermedio"). Con Green sobre el narcisismo primario como una estructura, y no un mero estado.

Dos casos singulares que se encuentran en esta intersección son los de Kristeva y Castoriadis, quienes comienzan su itinerario intelectual en el campo de la filosofía, donde son reconocidos, y luego devienen psicoanalistas practicantes. Ambos dedican estudios a temas analíticos, sin dejar de aprovechar en ellos su formación previa (que siguen cultivando). Las diferencias entre estos dos autores son inmensas pero eso no impide reconocer dos coincidencias relevantes. Una es metodologica: abordan objetos de estudio complejos, trans-disciplinarios, en los que ponen en juego el psicoanálisis sin caer en reduccionismos, y rechazando las teorias estructuralistas centradas en "lo simbólico" (Levi-Strauss, Lacan). La otra es que desarrollan teorías sobre la creación del sentido a nivel psíquico e historico-social, postulando la irreductibilidad ontológica de ambos niveles, y proponiendo teorias originales para su articulación. Kristeva elabora lo semiótico. Castoriadis introduce los conceptos de imaginación radical (de la psique) e imaginario radical (social).

Para terminar esta mínima referencia a esta vasta y variable relación entre estos autores vale la pena señalar que entre poslacanianos y post-estructuralistas hay un rechazo común del reduccionismo "lenguajero" de las teorias estructuralistas, y una búsqueda similar de un pensamiento de la heterogeneidad radical que re-establezca el papel de la historia (eclipsado por la Estructura), del afecto (excluido por la primacía del significante), del sujeto no solo como "sujetado" sino también como fuente de creación, no sólo como "alienado" sino también como agente de transformación psíquica y social.

El pensamiento poslacaniano
Pueden destacarse tres aspectos mayores del pensamiento poslacaniano: el primero es la radicalización del retorno a Freud, que desborda la interpretación lacaniana. Esta operación conceptual introduce una novedosa posición histórica e historizante en relación con la obra del fundador del psicoanálisis. Contra la mitología lacaniana (y post-freudiana en general) del "heredero de Freud" y de "la verdadera lectura Freud" se postula la distancia (écart) histórica -insuperable y fecunda - con el texto freudiano. Consecuentemente se postula la necesidad de que toda lectura se asuma como tal, y explicite y justifique sus opciones. Y que las someta a la prueba de la praxis clínica. Tempranamente se advierte y critica el proyecto lacaniano de introducir un nuevo fundamento ontológico, aspirando a una coherencia filosófica. Según la formula de Laplanche se requiere "volver sobre Freud", ponerlo a trabajar mediante una lectura crítica, histórica y problemática.

Dos de las obras que inauguran y mejor representan esta posición - de crítica contrapunto con Lacan - son el Vocabulario de Psicoanálisis (1967) de Laplanche y Pontalis (publicación que corona conceptualmente el alejamiento institucional de 1963), y Le discours vivant. La concepción psicoanalítica del afecto (1973) de André Green. En estas y otras obras similares encontramos ciertas posiciones claves: un pluralismo freudiano que reconoce explícitamente el aporte de los distintos autores y escuelas surgidas del tronco vienés - como la teoría de lo transicional y los casos límites. La otra es la recuperación de conceptos y temas que el reduccionismo del discurso lacaniano había excluido, desvalorizado y hasta anatematizado - como por ejemplo el afecto, la historia, el Yo, las construcciones en análisis, etc.

Basados en este abordaje epistemológico de la obra de Freud, los post-lacanianos establecen la posibilidad de leer a los grandes autores post-freudianos (Klein, Lacan, Kohut, Bion, Winnicott, etc.) partiendo de sus posiciones (preferencias y rechazos) respecto al corpus freudiano - en tanto determinantes de sus temas de interés y de sus orientaciones conceptuales. De este modo inauguran un modo "histórico, crítico y problemático" de poner a trabajar las obras post-freudianas.

En las contribuciones poslacanianas se destaca la busqueda de superación de la estéril oposición post-freudiana entre los defensores a ultranza de la primacía de la pulsión (freudianos "clásicos") versus los del objeto (o el Otro).

Para ello se encara la elucidación de las diferencias, y la posible articulación, de la primera y segunda tópica, así como del primero y el segundo dualismo pulsional. El sujeto psiquico es redefinido como proceso representativo heterogeneo que articula lo intra-psíquico (centrado en lo pulsional) y lo inter-subjetivo (centrado en la función de, y relación con, los objetos). Pulsiones y objetos son dos polos a la vez inseparables e irreductibles de la causalidad psíquica. Ambos co-determinan los procesos de creación y destrucción del sentido que gobiernan los procesos de subjetivación y des-subjetivación. Los diversos autores se fundan en una perspectiva común, que amplia y complejiza la teoría de la representación (re-definida como la función básica del psiquismo): proponen incluir el cuerpo y el afecto, e introducen nuevos procesos como el originario (Aulagnier), semiótico (Kristeva), el terciario (Green). Consecuentemente lo traumático y la compulsión de repetición mortifera son pensados a la luz de una conceptualización de lo irrepresentable. Se postula en la teoría la heterogeneidad radical del psiquismo (irreductible a la homogeneidad significante del lenguaje) para dar cuenta de los desafíos de la práctica contemporánea. Forma psicoanalítica del pensamiento complejo (Morin, E. 1977) esta perspectiva metapsicológica contemporánea acentúa la heterogénesis, la procesualidad y la poiésis o creatividad.

El retorno a la clínica
El "retorno a la clínica" es una de las claves de la revuelta poslacaniana, asi como de su inmensa productividad. La propuesta condensa una dimensión positiva y una negativa, de las que deriva su fuerza. La vertiente crítica, en contrapunto con la clásica consigna lacaniana, es una suerte de denuncia del extravío teoricista, filosofante, que sufre el "retorno a Freud" devenido discurso oficial, dogmático, de la Escuela Freudiana de París. ("Un idealismo formalista", dirá Laplanche). En este contexto el "retorno a la clínica" también se entiende como revalorización y recuperación del método freudiano en contraposición a los desvíos de la técnica de Lacan. Piera escribe en 1970 que la doxa lacaniana puede resumirse así: "silencio y corte del tiempo de la sesión son más importantes que la interpretación y la construccion" (Aulagnier, 1971).

La contraposición es también respecto del modo en que esa misma doxa a desnaturalizado ciertos postulados de Lacan. Pontalis señala que "la cura se da por añadidura" (Lacan) significaba originalmente que no es concentrándose en la supresión de los síntomas que el psicoanálisis opera; "Pero como fue generalmente entendida esta fórmula? Como ‘el bienestar del paciente no me interesa; si su deseo es ir hacia la muerte pues que vaya'. Y no estoy caricaturizando. Yo mismo escuché esto". Y luego continua: "Lo mismo sucede con ‘el analista se autorizada de si mismo' (Lacan). Sabemos que el uso abusivo de esta formula la deformó en "Puesto que nadie me lo puede prohibir, yo me autorizo". En este punto conviene recordar que la clínica a estado en el centro de las polémicas y rupturas institucionales de los primeros discípulos con el autor de los Escritos: las "sesiones cortas" en 1963 (APF); y en 1969 el análisis didáctico - elevado a "análisis puro" e ideal del análisis - y "el pase" como su procedimiento de validación institucional (que incluía la posibilidad de ser nombrado analista sin requerir práctica clínica).

La vertiente afirmativa del "retorno a la clínica" expresa el re-investimiento de la práctica y el proyecto psicoanalítico. "El proyecto del analista debería ser siempre el mismo: conducir al sujeto tan lejos como se pueda en un proceso des-alienante" (P. Aulagnier, 1968). Se re-habilita el "deseo de curar" (Aulagnier) del analista y la dimensión terapéutica del método.

La práctica es revalorizada como una fuente de exploración e innovación del pensamiento psicoanalítico, así como de su imprescindible puesta a prueba. La clínica es "el laboratorio central" (Pontalis, RFP, 2002). En el se apoya el trabajo de exploración y extensión del método y el campo psicoanalítico que dará lugar a lo que se conocerá como "la nueva clínica" contemporánea. Esta será el resultado de una "pasión clínica" que impulsa a la mayoría de nuestros autores a aventurarse en el campo de la práctica más allá de la neurosis. En especial para tratar a los nuevos pacientes que encarnan el malestar cultural contemporáneo: los casos límites, las estructuras no-neuróticas. Estos son reconocidos como los nuevos casos paradigmáticos - ocupan el lugar que los neuróticos tuvieron en la etapa de construcción del modelo freudiano, y los psicóticos en la de los modelos post-freudianos.

El programa de investigación contemporánea de los estados límites se centrará en el funcionamiento y dis-funcionamiento representativo dentro del encuadre analítico. La analizabilidad no depende más del diagnóstico, sino que es re-definida de acuerdo a la posibilidad, o no, de una determinada pareja de analista y paciente de establecer una relación analítica. Dicho más teóricamente: de co-crear un objeto analítico, objeto tercero, discursivo, simbólico, efecto del despliegue de la transferencia y la contra-transferencia. Los límites de la analizabilidad se corresponden, en última instancia, con los límites de la simbolización en la comunicación analítica. El encuadre (cuya conceptualización como matriz de simbolización polisémica es introducida en esta etapa) es convertido en un analizador de analizabilidad. Sus posibles variaciones serán aceptables siempre que puedan favorecer la continuidad de la relación analítica y el proceso de simbolización. Para Green "el fin del reino del divan" no es motivo de pesimismo ni melancolía; donde algunos ven augurios fúnebres el autor de "El pensamiento clínico" ve la ocasión de una renovación vital del psicoanálisis.

Uno de los aportes más innovadores de los trabajos poslacanianos es la construcción de un modelo de los estados limites. Se postula en estos casos un doble frente de conflictos (simultáneos y escindidos): por un lado un conflicto pulsional, entre el Yo y el Ello; por otro lado un conflicto identificatorio, entre el Yo y el (los) objeto(s). En esta encrucijada el Yo se ve especialmente afectado a nivel de su estructura narcisista y de su capacidad de simbolización (blancos de pensamiento y sentimientos de vacío son dos de sus expresiones sintomáticas). En una trama triangular fallida el objeto incestuoso del deseo inconsciente y el objeto de la identificación primaria y el apuntalamiento yoico resultan insuficientemente diferenciados. Consecuentemente la angustia de castración se ve redoblada por angustias de separación e intrusión, provocando un funcionamiento paradojal. Las pulsiones sexuales (con fijaciones pre-genitales y un funcionamiento más cercano al del Ello que al del Inconsciente) juegan un rol fundamental, lo que diferencia los casos borderline de las psicosis (y el modelo contemporáneo del post-freudiano). Mientras que a diferencia de las neurosis poseen un mayor peso las pulsiones destructivas, los mecanismos de defensa primitivos (escisión, desmentida, etc.). Es decir que en contraste con el predomino post-freudiano de la relación de objeto y la destructividad se recupera y renueva la dimensión traumática de la sexualidad. Así como también lo es la consideración de la potencialidad traumática del objeto - especialmente en relación con el narcisismo.

La práctica en el territorio de las estructuras no-neuróticas (casos límites, trastornos narcisistas, adicciones, psicosomática, etc.) permite la exploración de los límites de la analizabilidad promoviendo una doble elucidación: por un lado de los fundamentos metapsicológicos del encuadre y método freudiano; por otro lado de las posibles variaciones para el análisis de estructuras limítrofes.

Gracias a la introducción y desarrollo del concepto de encuadre (J. L. Donnet, J. Laplanche, A. Green, R. Roussillon) este se distingue de la mera "situación" (material o formal) y se concibe como una función constituyente del encuentro y del proceso analítico (con el que constituye un par dialéctico). De naturaleza transicional (entre la realidad social y la realidad psíquica) el encuadre es institución y puesta en escena del método analítico. Posee una triple dimensión: una dimensión material (frecuencia semanal, pago, disposición física) y una simbólica (regla fundamental) cuya articulación crea y contiene el espacio imaginario (del "como si") propio del análisis. El encuadre instituye el espacio analítico (Viderman), que es un tercer espacio que hace posible el encuentro y la separación (la discriminación) entre el espacio psíquico del paciente y el del analista: evita la colusión, la fusión regresiva, la captura en el espejismo de la dualidad. Contención y distancia. El encuadre delimita el espacio intermedio que hace posible la comunicación analítica. Su estatuto es a la vez clínico y epistemológico: el encuadre es condición de la constitución del objeto analítico (Green), objeto tercero, distinto del paciente y del analista, producido por la comunicación de cada pareja analítica singular.

La introducción del concepto de encuadre inaugura un esquema triádico (encuadre - transferencia - contra-transferencia) de la comprensión del proceso analítico: si la transferencia y la contra-transferencia son el motor, el encuadre constituye su fundamento. En su relación dialéctica con el proceso el encuadre es "mudo", "invisible" mientras el primero fluye normalmente. Se vuelve "audible" (incluso ruidoso) cuando se produce un impasse en el proceso. En el modelo contemporáneo la escucha de los ruidos del encuadre no se reduce a un esquema pre-establecido (madre-bebe, continente-contenido, etc.), de mismo modo que no se reduce su interpretación a la idea de "ataques al encuadre" y "acting-out". Esta es sólo una de las posibilidades. Pues en este nuevo esquema triádico la significación del encuadre es polisémica, incluyendo en la escucha diversas lógicas: de la unidad (del narcisismo), del par (madre-bebe), de lo intermedio (de la ilusión, lo transicional), de lo triangular (de la estructura edípica).

El encuadre deviene una herramienta de diagnóstico. La posibilidad de usar o no el encuadre como espacio analítico potencial en el que seguir la regla fundamental permite evaluar las posibilidades y dificultades del funcionamiento representativo. Con pacientes no-neuróticos, entonces, se fundamenta las modificaciones del encuadre (menor frecuencia de sesiones, posición cara a cara, etc.) para establecer las mejores condiciones posibles para el funcionamiento representativo. En contraste con la idea de que las psicoterapias psicoanalíticas son variantes más simples y superficiales de trabajo analítico, estas son reconocidas en su complejidad y su dificultad. Del lado del analista se pondrá de relieve la necesidad de un trabajo psíquico especial para hacer representable, pensable, analizable el conflicto psíquico situado en los límites de la analizabilidad. En ambos casos - psicoanálisis o psicoterapia - puede decirse que el objetivo es el mismo: la constitución de un encuadre interno (o interiorización del encuadre), mediante el cual el núcleo dialógico (inter-subjetivo) del análisis deviene una matriz intrapsíquica reflexiva (Urribarri F., 2005).

El psicoanálisis contemporáneo desarrolla el trabajo psíquico del analista como un eje conceptual terciario, que procura incluir la atención flotante y la contra-transferencia como dimensiones parciales y complementarias de un proceso complejo. Además se destaca la importancia de la imaginación del analista (especialmente solicitada en el trabajo en los límites de la analizabilidad). En este contexto surge la idea del encuadre interno del analista como una matriz representativa pre-conciente. Su funcionamiento óptimo es el de los procesos terciarios (Green): procesos de ligadura y desligadura, unión y separación, de elementos y procesos heterogéneos (primario y secundario, pero también originario, arcaico, semióticos, etc.) en los que se funda la comprensión y la creatividad del analista. En la perlaboración de la contra-transferencia los procesos terciarios del analista permiten que la resonancia inconsciente primaria se ligue adquiriendo figurabilidad, pudiendo llegar a ser significada y luego pensada mediante el lenguaje, y finalmente religada con la inteligido de la situación analítica.

En consonancia con la idea de la polisemia del encuadre y la diversidad de lógicas en juego, la posición del analista es múltiple y variable, no puede ser pre-determinada ni fija: ni como padre edípico, ni como madre continente: el analista deberá jugar, en el sentido tanto teatral y musical como lúdico, según los guiones desplegados en la polifónica singularidad del campo analítico. El reconocimiento de que lo inconsciente se expresa en muchos dialectos promueve un ideal de analista "políglota".

El proyecto contemporaneo: la construcción de un nuevo paradigma
Como siempre ha ocurrido en la historia de nuestra disciplina los cambios en la clínica promueven transformaciones en la teoría, en los fundamentos de los modelos vigentes hasta entonces. La profundización de la investigación en los límites de la analizabilidad dará como resultado una "revolución paradigmática" (Green): una extensión y re-configuración del campo psicoanalítico (producto de la inclusión de los estados límites y las estructuras no-neuróticas) que redefine la noción de analizabilidad; una renovación de la técnica (variaciones del encuadre, del trabajo del analista) y de la teoría de la cura (de los conceptos de base: transferencia, contra-transferencia, encuadre, proceso); una elaboración conceptual que primero elucida la especificidad del funcionamiento limítrofe, y luego construye nuevos fundamentos metapsicológicos generales (con vertientes diversas y singulares en Laplanche, Green o Aulagnier).

En este punto podemos observar como la vertiente positiva del retorno a la clínica es clave en la evolución del poslacanismo, en la realización de un cambio histórico que marca definitivamente un "después de Lacan" (incluso un "después del poslacanismo"). La primera etapa de la producción de nuestros autores se realiza en el territorio inaugurado, y en última instancia dominado, por el "retorno a Freud" de Lacan. La superación de esta etapa (y del horizonte epistemológico de Lacan) se apoya en el reconocimiento y el estudio de la "nueva clínica". Este es un verdadero "después de Lacan": en la medida en que por razones históricas el autor de "El estadío del espejo" no llego casi a conocer este cambio del campo analítico, ni mucho menos a estudiarlo y teorizarlo. En el recorrido que va desde el "retorno a la clínica" hasta el descubrimiento y conquista del nuevo territorio, de la "nueva clínica", los autores poslacanianos deviene los pioneros del psicoanálisis contemporáneo.

Para recapitular es posible esbozar el recorrido poslacaniano reconociendo tres momentos: el retorno a la clínica como revalorización de la praxis analítica - contra la deriva "teoricista" del lacanismo; la extensión y exploración de los nuevos límites de la analizabilidad con estructuras no-neuróticas (marcada por una original "clínica de lo negativo"); y por último la creación de un nuevo pensamiento clínico contemporáneo.

Tal vez la contribución más trascendente de los autores poslacanianos sea justamente la que es producto de su colaboración: la matriz teorico-clínica contemporánea que construyeron trabajando juntos (a la vez apuntalando en ella sus obras y luego enriqueciéndola con sus aportes originales). Esta puede describirse sintéticamente partiendo de los ejes que estuvimos comentando. Es decir: la reivindicación de la metapsicologia y el método freudianos como fundamento complejo/abierto; la apropiación crítica y creativa de los aportes post-freudianos, así como el debate cosmopolita con las diversas corrientes y autores contemporáneos; la exploración de (y puesta a prueba conceptual en) la "nueva clínica", fuente del pensamiento clínico actual. Este trípode constituye el nucleo dinámico del modelo contemporáneo de pensamiento e investigación. Sumemos a su descripción el restablecimiento del vocabulario freudiano como "lingua franca" y "common ground".

Como dije al comienzo uno de los valores de esta matriz contemporánea construida colectivamente por los autores poslacanianos es la de aportar una brújula para la lectura de cada una de sus obras personales. Ojalá que estas líneas hayan contribuido a estimular y a enriquecer estas lecturas, deseables para hacer avanzar el proyecto contemporáneo.

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